Precios, racionamiento, discriminación.

Precios, racionamiento, discriminación. 

Abra cualquier libro de microeconomía -el que quiera- y lo primero que le dirá es que los precios son un mecanismo de racionamiento. ¿Qué significa esto? Que si en la economía hay una oferta de 10 manzanas, se la comerán aquellos que quieran dar mayor cantidad de dinero por ellas. Es el mecanismo de subasta mediante el cual se "limpian" los mercados, es decir, mediante el cual la oferta se iguala a la demanda. Y nadie se escandaliza por esto. Si Ud. no tiene 100 pesos para comprar una manzana, pues no comerá manzana. Y no por esto le tira piedras al dueño del supermercado. Otra forma de decir lo mismo es que el mercado discrimina -literalmente, exactamente, taxativamente- entre los que tienen el dinero y los que no, diferencia entre "ricos" y "pobres". Aunque, como siempre, estos conceptos son relativos: yo soy pobre para comprar una Navigator, pero soy rico para comprar una manzana.
Seguimos con el mismo argumento. El Estado traza una línea entre quienes son contribuyentes netos -aportan impuestos por encima del valor de los bienes y servicios públicos que reciben- y quienes son subsidiados netos. De alguna manera todos utilizamos la infraestructura pública, pero un grupo aporta impuestos por encima del valor correspondiente a su uso habitual. 
Por esto es que los pobres "no pagan impuestos", lo cual es una verdad a medias pero no tenemos tiempo para eso ahora. En la medida en que más ricos sean los ricos, y mayor su voluntad o la capacidad del Estado de obligarlos a contribuir, en esa misma medida será posible subsidiar a mayor cantidad de gente, y en mayor medida. (De nuevo, las "pérdidas de transmisión" en el proceso de subsidiar a los pobres es todo un tema, que no vamos a tocar ahora. Es decir, lo que se quedan los políticos bajo la consigna de favorecer a los pobres) Es como una familia de diez miembros. Si sólo trabaja uno, y mantiene a los nueve restantes, va forzado y no es mucho lo que podrá hacer por los demás individualmente. A la inversa, si trabajan nueve, el restante va en coche.
A los contribuyentes les cae de madre que les aumenten los impuestos por razones bastante obvias. ¿Qué sucederá, entonces, si de golpe y porrazo le tiran un millón de nuevos pobres para que los pongan a vivir dignamente? Eso es lo que quieren los "organismos internacionales" (que mejor debíamos llamar las agencias norteamericanas), algunas agencias americanas, y algunos "pensadores" dominicanos bajo la consigna de los "derechos humanos". Los derechos humanos, ¿de quién? ¿Y de dónde van a salir los recursos para dar de comer a tanta gente?
Inmediatamente saltará a la liza un sesudo haitianófilo y me enmendará que los haitianos han contribuido al desarrollo nacional, que han picado la caña por décadas, que sostienen las construcciones, que guardan los edificios, etc. Y a mí sólo que me quedará decirle que más -obviamente- han hecho los dominicanos y hay que ver cómo viven. Obreros de cincuenta años de trabajo, profesores de cualquier cantidad de generaciones, profesionales con varias maestrías, ¿cómo viven? El sistema en que vivimos, para bien o para mal, premia materialmente el éxito comercial, no el esfuerzo personal. 
La inmigración haitiana no va a cambiar nada de eso. Somos una sociedad con un valor en impuestos bastante rígido (ya hemos llegado prácticamente al techo contributivo) que camina a la par de una pobreza que no disminuye. Echarnos encima más pobres sólo hará más pobres a los que ya son muy pobres. Claro que podemos pensar todo lo que queremos lo injusto que es el mundo, pero eso hay que hacerlo en Washington, y no decírmelo a mi para que pague la gasolina más cara.
Otro argumento será que ellos pagarán su propio bienestar mediante la aportación a la seguridad social. Pero yo ya no tengo paciencia para rebatir tanta sabiduría...

Por Osvaldo Montalvo.

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