BÁNICA: UN RISUEÑO PUEBLITO CON UNA HISTORIA ESPECIAL Y MUCHOS ATRACTIVOS Y ENCANTOS NATURALES Y CULTURALES. Por: Federico Cabrera.
BÁNICA: UN RISUEÑO PUEBLITO CON UNA HISTORIA ESPECIAL Y MUCHOS ATRACTIVOS Y ENCANTOS NATURALES Y CULTURALES
Ubicado en la margen oriental del río Artibonito, Bánica es, sin duda, el pueblo más antiguo de la frontera dominico-haitiana.
Según algunos estudiosos, el término "Bánica" es una corruptela de la palabra “banique”, que habría sido el nombre con el que los indígenas denominaban a este lugar.
La ciudad moderna de Bánica fue fundada en 1504, por disposición de Nicolás de Ovando, el tristemente célebre tercer gobernador español de nuestra isla.
En el momento de la fundación de la ciudad, la jurisdicción de Bánica era un nitaíno del cacicazgo de Maguana, que en ese momento era dirigido por la célebre Anacaona, viuda del bravo Caonabó, el cual había muerto en manos de los conquistadores españoles.
La fundación de la ciudad de Bánica recayó sobre el capitán español Diego Velázquez, quien años después fue enviado a conquistar la isla de Cuba.
Durante sus primeros años, Bánica llegó a ser una región muy importante, pero con el paso del tiempo entró en decadencia, siendo repoblada a finales del siglo 18 con familias traídas de las Islas Canarias.
Después de una etapa de prosperidad económica que duró más o menos hasta 1530, las reservas de oro se agotaron, los indios que eran utilizados como mano de obra esclava habían sido exterminados y ya habían sido conquistados otros territorios en el continente que lucían mucho más atractivos, por lo que la colonia española de Santo Domingo (donde ahora están la República Dominicana y Haití) fue prácticamente abandonada a su suerte.
En sus inicios, la villa de Bánica llegó a ser una demarcación muy importante, pero con el virtual abandono de la colonia, la demarcación fronteriza también cayó en una fase de decadencia.
Sin embargo, Bánica siempre conservó cierta importancia, por el hecho de estar ubicada un camino real que desde los tiempos pre-colombinos conectaba las zonas del Norte y del Sur de la isla.
De igual manera, no obstante la situación de doble aislamiento en que se mantuvo durante un largo tiempo, en Bánica proliferó significativamente el ganado en pasto libre, principalmente el vacuno y caballar, a lo que contribuyó la existencia de extensas sabanas y la abundancia de agua y copiosos montes y matorrales.
Por lo expresado anteriormente, Bánica también fue impactada por la estúpida decisión de la Corona española, representada en la isla por el tristemente célebre gobernador Antonio de Osorio, de destruir todos los poblados enclavados en las porciones Norte y Oeste de la isla, con el propósito de ponerle fin al mercadeo ilegal con franceses, ingleses y holandeses que se aproximaban a las costas. Se trata del episodio fatídico conocido como “Devastaciones de Osorio”, perpetradas entre 1603 y 1606.
A raíz de ese hecho insólito, que tan funestas consecuencias ha tenido en el devenir histórico de nuestra isla, Bánica permaneció como un pueblo aislado en el corazón de la extensa llanura dominico-haitiana cuya vertiente oriental se llama Valle de San Juan, mientras la parte occidental se conoce como Plató Central de Haití.
Por tal razón, Bánica sirvió de escenario a los famosos “bucaneros”, que eran aventureros extranjeros que primero se establecieron en la Isla Tortuga y luego se adentraron en nuestra isla.
Los bucaneros, cuyo nombre se derivó del hecho de que asaban la carne en “bucán”, barbacoa o barbecue, se dedicaban a cazar ganado para venderle la piel a también famosos “filibusteros”, llamados también “demonios del mar”, que eran otros aventureros, algunos de ellos corsarios, que se dedicaban a atracar los barcos españoles que transportaban riqueza de América hacia Europa.
AGUAS TERMALES... ¿EN BÁNICA?
La incidencia de los bucaneros en la porción central de la isla, incluyendo Bánica, se extendió más o menos hasta 1697, fecha en se firmó el Tratado de Ryswick, en virtud del cual España reconoció oficialmente la existencia de una colonia francesa en la parte occidental de nuestra isla. Desde entonces, y hasta el estallido de la Revolución Haitiana en 1790, las actividades económicas en Bánica y comunidades vecinas tuvieron una marcada influencia francesa.
En efecto, algunos informes de la época dan cuenta de que debido a la atracción de sus aguas termales, Bánica fue conocida como un spa de salud durante todo el tiempo en que el territorio de la actual República de Haití se mantuvo como colonia de Francia.
Según los referidos informes, el balneario estaba rodeado por unas cuarenta casas, en las que se alojaban las personas que iban allí a tomar baños, la mayoría de las cuales eran francesas.
Al respecto, el cronista Moreau de Saint-Mery dejó escrito que el balneario de Bánica era tan importante, que en 1776, en momentos en que se discutía en San Miguel de la Atalaya el Tratado firmado en 1777 por España y Francia en la ciudad española de Aranjuez, y que dividió la isla en dos colonias, los franceses pedían que el libre acceso a Bánica fuera incluido como una cláusula en cualquier convenio de frontera.
En un hecho que parece obra del descuido más que del destino, el famoso balneario que antiguamente pertenecía a Bánica se encuentra en territorio haitiano con carácter definitivo.
DESOLACIÓN DE BÁNICA
En 1780, Saint-Mery describió al pueblo de Bánica como una villa rodeada de una pequeña sabana que en cambio estaba rodea por un gran bosque.
En la soledad de las extensas sabanas que existen en la zona, los pastores vivían continuamente a caballo, con un lazo en el hombro, hojas de tabaco secas y una botella de ron.
La carne del ganado les servía para alimentarse, y los cueros eran vendidos en los pueblos costeros, como en los tiempos de los bucaneros.
Sin embargo, la ganadería que se había desarrollado en Bánica, Comendador, Las Matas de Farfán y otras comunidades de la zona prácticamente desapareció entre 1801 y 1855, debido a la frecuente incursión de los ejércitos haitianos y el vandalismo que practicaban, el cual incluía quema de poblado, robo de animales y otras tropelías, violación de propiedades e irrespeto a las personas, lo que hizo que cientos de familias abandonaran la zona.
El 2 de julio de 1844, cinco meses después del nacimiento de la República Dominicana, la Junta Central Gubernativa, que fungió como primer gobierno del incipiente Estado, convirtió a Bánica en común del Departamento de Azua, jurisdicción de la que había sido Parroquia.
Pero, por efecto de las guerras independentistas y otros factores de orden administrativo, la zona de Bánica fue despoblada nuevamente y no fue sino hasta después de la guerra de Restauración cuando comenzó a resurgir, con la llegada de familias provenientes principalmente de Planicie Central, la cual estaba prácticamente haitianizada, aunque todavía era considerada parte de la República Dominicana.
Ya en el siglo 20, específicamente en 1938, mediante la Ley número 1521, Bánica pasó a formar parte de la provincia Benefactor, hoy San Juan, mientras que en 1942, en virtud de otra legislación, se convirtió en municipio de la provincia San Rafael, hoy provincia Elías Piña.
ATRACTIVOS DE BÁNICA
Bánica tiene varios elementos que la convierten en uno de los puntos más interesantes del país, siendo uno de ellos el hecho de tener uno de los dos relojes de sol construidos por los españoles en la isla. Los otros son la iglesia de mampostería, el cerro de San Francisco, la Flor de Bánica y el propio río Artibonito.
“Se desconoce la fecha exacta en que se erigió la iglesia de Bánica. Dice la leyenda que se construyó sola y que fue San Francisco de Asís, patrono del pueblo, el autor del milagro”, comenta la investigadora Virginia Rodríguez, en un trabajo publicado en el periódico Listín Diario.
“Todavía hoy, los abuelos baniqueros le cuentan a sus nietos lo que escucharon de sus ancestros: que nadie sabía de dónde venía ese ruido de construcción que no dejaba dormir a nadie durante las noches, hasta que apareció allí una mañana, salida de la nada, la edificación colonial”, agrega la destacada comunicadora.
“La Iglesia de Bánica es una edificación que data del siglo XVIII (1740). La comunidad que lleva su mismo nombre está llena de historia y desde sus inicios estuvo matizada por las famosas devastaciones que fueron llevadas a cabo por el capitán general de la colonia, Antonio de Osorio, en los años 1605-1606”, se lee en un trabajo publicado en el periódico digital “Ecos del Sur.net”.
Y es que realmente se desconoce la fecha exacta en que se construyó la iglesia de Bánica, la cual fue restaurada para los actos conmemorativos del quinto centenario del descubrimiento de América, en 1992. “Este pueblo lleno de historia y anécdotas, conserva un reloj de sol similar a otro que está en la calle Las Damas, de Santo Domingo. Conserva también una iglesia colonial cuya fecha exacta de construcción desconocemos hoy día”, afirma, al respecto, Hostos Guaroa Mora Oviedo, un inquieto investigador nativo de Bánica.
Lo que sí se sabe, porque asílo recogen varios historiadores, es que tan temprano como en el 1740, el entonces arzobispo de Santo Domingo, Monseñor Domingo Pantaleón Álvarez Abréu observaba, al término de una visita pastoral por la región central de la isla, que “en la villa de Bánica hay una iglesia nueva y bien tratada".
En cuanto al reloj de sol, en la parte superior de una de sus caras aparece la fecha 1795, que podría ser el año en que se erigió. Hasta donde se sabe, este reloj de sol y el de Santo Domingo, en la calle Las Damas, fueron los únicos relojes solares en la isla durante la antigua colonia española.
“La iglesia de Bánica y el reloj de sol son dos de los referentes que han dado a conocer el pueblo”, apunta Virginia Rodríguez. Dice que ambos fueron construidos hacia finales del siglo XVII (la fecha más aproximada que se tiene es 1695, según las investigaciones del arqueólogo Pierre Denis).
“La iglesia, única edificación colonial en la frontera, fue quemada por lo menos en dos ocasiones, durante los períodos de guerra con los franceses y la Reconquista”, afirma Omar Rancier, uno de los arquitectos que dirigió la restauración parcial de la iglesia que se realizó a partir de 1986. Rancier fue citado por Virginia Rodríguez en su trabajo publicado en el Listín Diario.
EL CERRO DE SAN FRANCISCO Y SU MISTERIOSA CUEVA
Otro gran atractivo de Bánica es el famoso Cerro de San Francisco, una empinación rocosa que se yergue a un kilómetro y medio de la ciudad, y uno de los centros de peregrinación religiosa más importantes del país, y que en su cima contiene una gran cueva que desde hace siglos fue convertida en un centro de peregrinación.
"El cerro apareció con el santo. Nadie sabe quién lo llevó allá. Cuando fueron a la cueva lo encontraron allí", dijo una mujer llamada Irma Angomás, al ser abordada por la investigadora Virginia Rodríguez.
En el interior de la cueva caen gotas de agua desde lo alto, y los devotos se sitúan para que las gotas caigan sobre sus cabezas o caras, ya que la consideran como agua bendita.
Por supuesto, el “agua bendita”, emanada de la roca, no cae todo el año, sino solo cae en tiempos de abundante lluvia.
En adición al “agua bendita”, de las paredes de la cueva se extrae un polvo calizo blanco con el cual los peregrinos se suelen empolvar el rostro antes de marcharse.
El día de San Francisco y de las fiestas patronales en su honor es el 4 de octubre, pero desde finales de septiembre y hasta mediados del mes siguiente, Bánica se llena de devotos que suben hasta la cueva para a pedir, cumplir promesas o venerar al santo.
Aunque con el paso de los años ha ido variando, el rito en honor a San Francisco de Asís en Bánica comienza con una procesión desde la centenaria iglesia parroquial hasta el cerro de San Francisco.
A lo largo del recorrido, los peregrinos van entonando cánticos, llevando piedras en la cabeza, vestidos con sacos de chanchán -henequén- y trajes de marrón oscuro, al igual que el que llevaba San Francisco de Asís.
LA "ROSA DE BÁNICA"
Además de su importancia histórica y cultural, Bánica esconde un tesoro ecológico: la planta Pereskia Marcanoi, conocida como “Rosa de Bánica”.
El Cerro de San Francisco y sus alrededores son los únicos lugares del mundo en que habita esta especie, que es a su vez la única de la familia de los cactus que tienen hojas de verdad.
La “Rosa de Bánica” fue descubierta en 1958 por el profesor de botánica Eugenio de Jesús Marcano, a quien hace honor su nombre científico, Pereskia marcano”. Actualmente, el Jardín Botánico Nacional trabaja en la reproducción y conservación de la planta, que al existir solo en el Cerro de San Francisco, en Bánica, está en peligro de extinción.
Además de tener en sus laderas la Pereskia Marcanoi o “Rosa de Bánica”, la única población silvestre de esa especie en el mundo, en el interior de la caverna hay agua dulce y azufrada. Por estas razones, el Cerro de San Francisco de Asís fue declarado Monumento Natural y, por lo mismo, área protegida. Así lo establece la Ley número 202, del año 2004.
Así las cosas, el Monumento Natural Cerro de San Francisco es una de las cuatro áreas protegidas de que dispone la provincia Elías Piña. Las otras tres son las porciones que le corresponde de los parques nacionales Armando Bermúdez, Nalga de Maco y Sierra de Neyba.
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