Otro pedacito: por Osvaldo Montalvo.
Otro pedacito:
"Según nuestro zoquete fusionista, un plan es una intención, es decir, un deseo. Así las cosas, los haitianos no tienen la intención –como deseo- de fusionarse con los dominicanos. En esto tiene razón, lo peor, en el sentido justo que le da el Patricio al término. Fusión: integración, cohabitación, intimidad, de esta manera los haitianos no se quieren fusionar con los dominicanos. En ello hemos insistido antes: los haitianos no se quieren integrar a la República Dominicana, a su cultura general, sino imponer un pueblo paralelo. Por eso es absolutamente erróneo hablar de un problema migratorio. Se trata de una invasión. La fusión que buscan los haitianos –que no es fusión sino implantación, que no nos confundan los términos- es la de una República dual: dos orígenes étnicos, con los mismos derechos ciudadanos y políticos. Por supuesto, los dominicanos no se quieren fusionar de ésta ni de ninguna otra forma con los haitianos. Por eso el malestar, la indignación, la resistencia. Y más adelante vendrá la lucha más enfática e incisiva, de eso no hay duda.
Igualmente observemos que no son los haitianos “del pueblo” los que organizan y promueven este Plan. Gente menuda, como la hay en la base social de todos los pueblos. Básica, elemental, sin mayor instrucción y cultura. Carente de juicio crítico. Adocenada y, por todo esto, muy dúctil a la seducción de cualquier liderazgo de conveniencia. La masa. Esta masa es la que marcha y aplasta. Quema, arrasa. Destruye. Ocupa. Mata con la cara oculta en el tumulto. Sin embargo incapaz de procurarse su comida diaria, de granjearse un sustento. Encadenada a las órdenes del momento. Una masa que por sí misma no es de mala gente pero que en su momento actuará por instinto, se movilizará como cualquier tipo de tropa hacia donde haya lo que no tiene y necesita. Sin reparar en propiedad o vida ajena, su carencia está dispuesta a pagar cualquier precio.
No es la masa la que organiza y dirige el Plan de Fusión sino su liderazgo, el liderazgo del Plan. Que tiene capitanes en Haití y Coroneles en Estados Unidos. Por eso al reconocido historiador dominicano Manuel Núñez Asencio le reclamé que su libro titulado La dictadura del débil debía llevar un subtítulo: dirigida por los más poderosos.
Si no hay Plan de Fusión, si el tal Plan de Fusión es una fabricación histérica de la “ultraderecha” (siempre me ha fascinado lo de “ultra”), de los “ultranacionalistas”, xenófobos (selectivos), racistas, fascistas. Entonces, ¿por qué imponer una política de frontera abierta bajo la permanente amenaza de sanciones económicas? ¿Por qué imponer desde fuera la violación al Código de Trabajo? ¿Por qué imponer la desnacionalización del trabajo? Obviamente, lubricando el proceso con todo tipo de concesiones y facilidades a grupos e individuos en posiciones clave de decisión. De hecho, como hemos analizado antes, sin corrupción administrativa la invasión no pasa. No hubiera encontrado el clima político, el contexto en el cual desenvolverse con soltura.
Si el Plan de Fusión es un cuento, ¿por qué fabricarle a la República Dominicana un expediente acusatorio tan extenso como falso? No a un individuo o un grupo sino al Estado dominicano, es decir, a todos y todo. Acusarnos de racismo, de discriminación étnica, de anti haitianismo, de violación de los derechos humanos. Los cargos son numerosos: de esclavistas, de genocidas civiles. ¿Por qué intentar cambiar la historia? ¿Por qué atacar la imagen del Padre de la Patria? ¿Por qué silenciar que la Independencia Nacional, la gesta que marca el nacimiento de la Nación dominicana, fue exactamente de los haitianos? En 1844, la República Dominicana declara su independencia de Haití, no de México o de Colombia. ¿Por qué tomar por asalto el Registro Civil, aprovechando las debilidades institucionales del país? Para otorgar la nacionalidad graciosa, gratuitamente. Para decidir –desde fuera- quien tiene derecho a la nacionalidad dominicana, independientemente de lo que diga la Constitución de la República. ¿Por qué sofocar las noticias cuando el culpable de un crimen es un haitiano? ¿Por qué cuando un crimen involucra a un dominicano y a un haitiano, el haitiano tiene justificación y el dominicano resulta un instigador? ¿Por qué querer cambiar el tono de la mezcla racial dominicana para introducir otra que refleja más a los haitianos? En color y fenotipo. ¿Por qué resaltar los defectos y vicios de los dominicanos –que sin duda los tienen, como todas las nacionalidades- y no mirar que los haitianos los tienen al doble? ¿Por qué en absolutamente ninguno de los análisis e investigaciones sobre el origen y naturaleza de la eterna e insoluble crisis aparecen los haitianos como responsables de su propia crisis? Si el Plan de Fusión es un cuento, ¿por qué tanta saña en contra de la República Dominicana?
El Plan de Fusión existe sin ninguna duda, pensar otra cosa es cerrar los ojos a las evidencias más objetivas, numerosas y coherentes. Pecar de incauto, de idiota. Pero el Plan, como todos los planes políticos, tiene grados de libertad. Empezando, como dijimos, con la forma de la unión. Dos etnias distintas (no asimilables) bajo una misma Constitución, con los mismos derechos civiles y políticos. Lo que obviamente promete todo tipo de problemas. Por otro lado, el tiempo: ¿cuándo? Es decir, cuándo la unión política puesto que la ocupación económica es poco menos que completa. Un proceso de unión como éste toma tiempo: reconocimiento, asimilación, aceptación. Seducción, convencimiento. Justamente por las dificultades en el proceso de aceptación es que sus promotores han buscado crear culpa y responsabilidad entre los dominicanos: si no aceptan a los haitianos como dominicanos es porque son racistas y xenófobos. De donde de alguna manera se deprende que la situación de los haitianos es culpa y responsabilidad de los dominicanos. En la invasión de la República Dominicana por Haití hay detrás mentes tan brillantes como perversas.
El jus solis, por el que tanto han abogado, hubiera sido el fast track puesto que dominicanizaba a los haitianos al nacer. No lo han podido lograr hasta el momento (que se va a revertir en contra de los promotores de la Fusión cuando la crisis termine de ahogar a este país), pero tienen el Plan Nacional de Regularización que es un jus omnis: todos los haitianos tienen derecho, en términos prácticos, a residir en la República Dominicana. Y, de ahí, a ser dominicanos por nacionalización. Con lo que adquieren todos los derechos políticos, a votar y ser votados. De esto se trata. Entonces, luego de que sean un treinta, un cuarenta por ciento de la población, además de que ocupan todas las plazas de trabajo en la pirámide productiva del país, ¿no van a tomar el Estado por asalto?
Habrá que preguntarle a nuestro amigo el zonzo fusionista, ¿por qué será que la vaca gorda se va poniendo nerviosa a medida que ve como aumenta el número de lobos a su alrededor? Pensar que los haitianos se van a quedar como picadores de caña y obreros de la construcción cuando sean una proporción significativa de la población votante en el país, es tan torpe como pensar que no hay Plan de Fusión. ¿Quedarse con los trabajos peor remunerados y no acceder al clientelismo político? ¿Por qué? ¿Los haitianos no son más tontos que nadie? ¿No acceder a las nominillas, las botellas, a las pensiones? ¿A las contratas, a los empleos públicos y los cargos electivos? ¿Por qué no, si ya tienen todos los derechos? Claro que no va a ser fácil, será, en buen dominicano (en creole debe haber expresión equivalente), a la garata con puño."
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