CRÍTICA AL STATUS QUO. El Algebra Canadiense por: Osvaldo R. Montalvo Cossío
CRÍTICA AL STATUS QUO
El Algebra Canadiense
Osvaldo R. Montalvo Cossío
Por antonomasia, el álgebra es la de Baldor… hasta recientemente en que surge el álgebra
canadiense que revoluciona los cimientos del espacio cartesiano y la lógica matemática. Antes
que el álgebra, la aritmética nos convence de que cero más uno es uno: 0 + 1 = 1. Aunque no se
crea, una proeza en el pensamiento histórico del hombre, que duramos siglos para concebir el
cero. Lo nulo, vacío, inexistente, que son, por cierto, entidades diferentes. Pero, por lo menos
espacialmente, 0 + 1 = 1. Ahora interviene Canadá junto a otras potencias occidentales (EUA,
Francia) y nos dice que no, que hemos estado equivocados por siglos, que 0 + 1 = 5. Todo mundo
se queda estupefacto y a la expectativa. ¿Cómo así? Entonces todo esto que hemos pensado
durante décadas, lo que hemos hecho, ¿todo está mal, estamos equivocados? Con una
tranquilidad y condescendencia que espanta, los oficiales canadiense asienten: todos
equivocados, equivocados desde siempre. ¡Caramba, qué desastre!
Aunque, precisemos, el álgebra canadiense no se formula en los términos matemáticos, números
y operadores y esa clase de tonterías, es algo más sutil y profundo. Su espacio es el económico.
Lo que nos dice el álgebra canadiense es que si tomamos un Estado fallido (este es el cero) y le
sumamos un país empobrecido (este es el uno), obtenemos un país casi desarrollado (claro está,
este es el cinco). Demos más precisión a la expresión: si sumamos a Haití y la República
Dominicana bajo cualquier denominación (territorio económico común, república binacional,
integración política, etc.) obtenedremos a España, por ejemplo.!Maravilloso! Realmente
extraordinario. Es tan sorprende como absurdo. Aunque, como hay que comprender que el
acusado se defienda diciendo cualquier cosa –literalmente: cualquier cosa-, quien quiere librarse
de la migración haitiana dirá cualquier cosa (y hará otras muchas) para que sea otro el que se
quede con ella.
El álgebra de Baldor dice otra cosa. Dice, por ejemplo, que para desarrollarse un país debe
empezar por evaluar y proteger sus recursos naturales y primarios. Cualquier población,
incluyendo los animales, necesita de alimento y agua para sobrevivir. Sin comida, ningún
organismo (incluyendo los nocivos para la salud humana) sobrevive. Debe conservar el habitat.
Si un país depreda sus bosques, destruye la capacidad productiva de su tierra, destruye sus ríos,
invade el ambiente de elementos contaminantes y tóxicos, pues está cavando su propia tumba.
Sigue el álgebra de Baldor con que para crecer un país debe organizarse y crear instituciones.
Debe suscribir un contrato social claro, efectivo y estable a este propósito. Un sistema de leyes e
impartición de justicia confiables, ágiles e incuestionables. Se deben respetar los acuerdos y los
contratos, se deben promover los valores del esfuerzo, la honestidad y el orgullo. Las personas
deben asumir la responsabilidad de su propia formación y de acumular capital humano (su
capacidad de producir valor económico), y en conjunto aportar a la formación de capital social
que es, finalmente, el mayor contribuyente al estado de bienestar y comodidad colectivo.
Eso dice Baldor, pero de inmediato el álgebra canadiense desmonta esa lógica oscura y vetusta.
Para desarrollar un país lo que hace falta es promover el marxismo cultural y la política del
dominio del más fuerte. La promoción de los valores básicos (generosidad, mansedumbre,
altruismo, etc.) se le debe quitar a las iglesias (no importa la denominación) y entregárselas a
Onegés que promuevan la ideología de género y los derechos irrestrictos de los inmigrantes. De
la economía se encargan los oligopolios tradicionales y… la sobrevivencia. Cosa curiosa, los
nuevo progresistas no se preocupan por las masas desposeídas tradicionales. Hablan de todo,
menos del poder avasallante de los ricos (de quienes reciben financiamiento), de los oligopolios
(de quienes reciben financiamiento) ni de los imperios (de quienes reciben financiamiento). Esta
es “la nueva izquierda”.
¿Cómo se va a propalar el desarrollo de esta manera? ¿Cuáles son los mecanismos de
transmisión? Pues…, pues no hay que pensar tanto. Basta con tener las mejores intenciones y
poner el mayor empeño en las cosas. La República Dominicana tiene cantidad de problemas
económicos, pero fijémenos en uno entre tantos: no exporta suficiente cantidad de productos
como para financiar sus importaciones, lo que crea presión sobre el tipo de cambio (y éste sobre
la inflación). Las causas son varias, para entender las cuales –y aquí me debo disculpar con los
canadienses- debemos repasar el álgebra de Baldor: no tenemos instituciones, no hay
organización productiva a efecto de la competencia internacional, etc. Pero –y aquí viene el
álgebra de nuevo-, ¿y si algunos inversionistas nacionales y extranjeros acometen un ambicioso
proyecto de inversión y producción conjuntas en la zona fronteriza? Con esto, ¿no se está
sembrando la semilla de un crecimiento altísimo e indetenible?
- ¿Sí? ¿Cómo? -pregunta Baldor-. ¿Qué tienen las inversiones “conjuntas” que no tuvieran antes
por separado? Un desarrollo como el de zonas francas depende de la demanda exterior (la
demanda interior está capturada por los oligopolios), y cómo es que ahora aparece esta demanda
donde antes no la había. Porque de haberla habido, se hubieran instalado sin tanto bombo del
lado dominicano por la razón elemental de que cuenta con una cierta infraestructura social que
habilita la producción de exportación. Esto –sigue Baldor- parece más un implante de
propaganda con fines ulteriores. ¿Tendrá la inversión conjunta un efecto contagio? Es decir, a
esta inversión, ¿seguirán otras de bienes exportables o de insumos para vender a las empresas
recién instaladas? De nuevo se cuestiona Baldor: - Pero ¿cómo, si una inversión libre lo único
que persigue es rentabilidad en su horizonte de planeamiento, cuál es el melao que tiene Mireya?
¿Qué ventajas tienen las inversiones conjuntas que no tenían antes las individuales? Porque en el
mundo externo y conocido, nada ha cambiado. A menos… a menos que sea crear un átomo de un
futuro fabulosamente abundante en el medio del desierto desolado para que la gente mire… Para
que la gente mire mientras se cae todo alrededor.
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