Pasajito sobre impuestos y onegés: Por Osvaldo Montalvo Cossío.

Pasajito sobre impuestos y onegés:

Las empresas públicas quebraron aún tuvieron el suministro del Estado en régimen de monopolio (baterías, zapatos, seguros), lo que habla del tamaño de las pérdidas. Con lo que se concluyó en lo que se sabía desde el principio: el Estado no está para operar empresas (se maneja según principios y bajo criterios políticos, no empresariales), sino para cobrar impuestos. Esto sí lo puede hacer –no hay Príncipe en la historia tan idiota que no haya sido capaz- pues cualquiera puede tirar una vara en la carretera –por supuesto, con un militar armado al lado- y exigir dinero a cualquiera que quiera pasar. Nada más simple. Y, de hecho, rentable. ¿De dónde salen, entonces, los impuestos? Del malquerido y odiado sector privado, de ningún otro lugar. Sector privado de mercados concentrados, sector privado de competencia feroz. De empresas pequeñas de producción de mala calidad. De artesanía. De negocios improvisados, salones de belleza, talleres de mecánica callejeros y frituras en las esquinas. Sector privado es todo lo que no es público, de aquí sale el dinero para pagarle a todos los funcionarios del Estado, incluyendo a los empleados de las onegés. Como decimos en otro lugar, ONG vale para Oficina No Gubernamental, donde faltan las siglas PSCDP: pero sostenidas con dinero público. Así es como se debe decir: Oficina No Gubernamental pero Sostenida con Dinero Público.
Siempre tienen en curso un proyecto (que nunca culmina) para “diversificar” las fuentes de ingreso y disminuir su dependencia (absoluta) del presupuesto nacional. Lo mejor es que no tienen rubor para pontificar sobre la ineficiencia en el sector público -del que no se sienten parte-, su ineptitud, la nómina supernumeraria, la corrupción. Hasta se lanzan a hacer recomendaciones de recortes departamentales y de personal, que no los incluye a ellos, por supuesto. ¿Cuánto, por ejemplo, se ahorraría en el gasto público si se eliminara la batería de Onegés inútiles, parasitarias y antinacionales que nos gastamos? Llamarlas “entidades sin fines de lucro”, ¿las hace más efectivas, más altruistas, más eficaces? Un sueldo denominado en dólares (más prestaciones), que no gana un ejecutivo bancario, es menos oneroso por tratarse de una Onegé? ¿Le resulta menos gravoso al contribuyente quien es, a la postre, quien lo paga? Lo dicho, no se sienten empleados públicos (sería compararlos con la plebe), como se sienten moralmente por encima del ciudadano común: su visión es elevada, sus propósitos altruistas. Aunque todavía no han sido capaces de vender –ni lo serán- una libra de clavos en un mercado medianamente competitivo.
Hay otras Onegés del mismo plumaje pero de distinto color, que trabajan para quien más golpes de Estado ha organizado en el mundo pero se arrogan el derecho (y el deber moral) a trazar lineamientos de transparencia en las elecciones a cargos públicos. Aunque no parece que sus mismos funcionarios hayan sido elegidos por el voto popular. Criticar sustrayéndose a la crítica (golpear sin ser golpeados, como los buenos boxeadores), los liberales han ganado el mundo en maña en las últimas décadas. Maña: fingimiento, cinismo, retórica, deslealtad. Lo peor: antinacionales. Al final, los empleados públicos menos confiables, más caros y peligrosos que tiene el país.

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