Para querer la Patria sólo hay que ser agradecido
Para querer la Patria sólo hay que ser agradecido
En la Clínica Dr. Chan Aquino (donde, por cierto, nací) había una escultura de una señora con un bebé en brazos. Debajo había una leyenda de José Martí: “Hay un solo niño bello en el mundo, y cada madre lo tiene.” Nunca se me ha olvidado. Para la madre su hijo puede ser negro, indio, blanco, mestizo. Flaco, gordo, alto. Guapo o feo, no importa. Para ella es simplemente su hijo, parte de ella. No mira más, no necesita más. Algo parecido, pero al revés y trasladando, sucede con la Patria. Yo mismo cantidad de veces he despotricado contra este pedazo de isla, pero aquí es que me tocó. Aquí fue que tuve las primeras sensaciones –entre ellas de miedo-, los primeros sentimientos. Mi infancia fue un paraíso, y no es que el país lo fuera. Más bien al contrario (soy del 1960). Pero yo estaba en el paraíso. Recuerdo los primeros sonidos, los primeros olores. Las primeras situaciones: hombres vendiendo pescado por las calles apenas rayaba el alba. El ritual de arreglar las camas. Ir al colmado por cuatro huevos (yo era el más pequeño, me tocaba). Muchachos atrapando libélulas en las calles (entonces había muchas). Los primeros amigos, el primer amor. Los primeros sueños… Inicialmente Madre y Patria son lo mismo. Y no hablo de MI país, hablo del país que tiene cada uno en el mundo. Cada quien tiene el suyo, como cada quien tiene madre. Ahora, en estos tiempos aciagos y de traición, no hay que abundar en que este país no es el mejor lugar del mundo. Díganmelo a mí. Y no me voy a poner ahora a describir sus mil vicios y a aventurar sobre sus orígenes. Pero tampoco es el peor. Es más, muchos males seguirán por mucho tiempo. Como vamos, seguramente peores. Lástima, porque era un lugarcito mágico. Pero hay sitios peores. Es más, muchos de los países que miramos como desarrollados tienen muchas cosas insoportables. Más de una. De todas maneras me refiero a otra cosa. Al paraíso que se quedó atrás, al paraíso que hoy está, aunque sólo en mi imaginación. Para querer la Patria no hay que ser culto ni inteligente, como piensan algunos. No hay siquiera que ser muy bueno. Sólo hay que ser agradecido por lo recibido.
Paso página. Colin Kaepernick es un jugador de futbol americano mulato (“biracial” dicen los americanos), adoptado en su niñez por una pareja blanca. Recientemente se ha colocado en la palestra pública debido a que en la ceremonia inicial de los juegos no se ha puesto de pie para escuchar el himno nacional. Ha dicho al respecto que no va a rendir homenaje a la bandera de un país que oprime a los negros y a la gente de color. Luego decidió ponerse de rodillas durante el himno. Hasta el presidente Obama se ha referido al asunto diciendo que Kaepernick ejerce su derecho a protestar y que muchas otras personalidades han hecho cosas parecidas en el pasado.
Paso página. Colin Kaepernick es un jugador de futbol americano mulato (“biracial” dicen los americanos), adoptado en su niñez por una pareja blanca. Recientemente se ha colocado en la palestra pública debido a que en la ceremonia inicial de los juegos no se ha puesto de pie para escuchar el himno nacional. Ha dicho al respecto que no va a rendir homenaje a la bandera de un país que oprime a los negros y a la gente de color. Luego decidió ponerse de rodillas durante el himno. Hasta el presidente Obama se ha referido al asunto diciendo que Kaepernick ejerce su derecho a protestar y que muchas otras personalidades han hecho cosas parecidas en el pasado.
Pero lo que me ha dejado de una sola pieza es la respuesta que su colega Ben Watson (totalmente negro) publicó en FB (la traducción es mía por lo que puede no ser muy buena):
“No tendré la opción de arrodillarme este Domingo mientras se toque el himno nacional. Hace una semana, en la que sería mi última oportunidad esta temporada del 2016, me mantuve erguido como mi mano derecha sobre mi corazón mientras escuchaba el himno. Y si fuera suficientemente afortunado para participar otro día en otro partido, haría lo mismo que hice esta última vez. De pie. No porque EUA es TODO lo que quiero que sea sino porque muy probablemente no lo es. El racismo se propaga, las familias se fracturan, los no nacidos son descartados, las escuelas están en lucha, la libertad religiosa está crecientemente bajo ataque, la violencia contamina nuestras ciudades y suburbios y hay una división creciente entre la policía y la comunidad.
Me mantengo de pie, como quiera, porque crecí en el EUA de la marina de guerra y viajé fuera del país para respaldar a los miembros de nuestras fuerzas armadas quienes obedecen órdenes independientemente de sus sentimientos. Me mantengo de pie por aquellos que fueron obligados a dar sus vidas construyendo el país que los confinaba a las plantaciones de tabaco e índigo. Me mantengo de pie porque, como niño, vi a mi padre mantenerse de pie. Un hombre que vivió la transición tumultuosa del “iguales pero separados” a los tiempos alrededor de la Ley de los Derechos Civiles cuando gente enojada llevaban pancartas a las escuelas que decían “negros, váyanse”. Me mantengo de pie porque, por el contrario, nadie llevó uno de esos letreros cuando fui a la escuela primaria.
Antes del juego, cuando estoy de pie con protectores de hombros, mi casco en mi mano izquierda, la adrenalina fluyendo y mi corazón acelerado en mi lado derecho, nunca olvido los defectos de EUA pero por un momento evoco su potencial, recuerdo su prosperidad y le doy gracias a Dios por la tierra en que me ha colocado y por la gente que amo que vive allí.
Me mantengo de pie porque esta mezcla de bien y de mal es MI hogar. Y como es MI hogar, mantenerme de pie es un compromiso para continuar la lucha contra todas las injusticias y preservar los grandes atributos del país, incluyendo el derecho de Colin Kaepernick a arrodillarse.
Su actitud y acciones similares por personalidades del pasado y el presente son una parte vital de nuestra vida y un componente crítico de la ecuación para el cambio social y deben ser respetados como tales. Desde el inicio del país, tales desplantes contra el status quo son distintivamente americanos. My deseo, no obstante, es que esas acciones traigan más atención a el PROBLEMA más que a QUIEN protesta. Y que el diálogo que de allí surja descubra la verdad y que esa verdad de luz a la justicia en situaciones legítimas en que no la hay. Mi deseo es que en estos tiempos de esfuerzo y discordia, usemos colectivamente nuestras posiciones en la vida pública y privada para asumir responsabilidades en nuestro papel y busquemos colectivamente soluciones, no porque TENGAMOS sino porque NOS IMPORTA. Algunas veces escuchar es más valioso que hablar. Tan inalcanzable como pueda ser, nuestra meta, especialmente en el tema de raza, debe ser continuar creando un país en que eventualmente cada uno pueda, en buena consciencia, mantenerse de pie. No importa el contexto histórico o la circunstancia actual, es la unidad que yo, quizás ingenuamente, imagino cuando veo nuestra bandera y escucho nuestro himno.
“No tendré la opción de arrodillarme este Domingo mientras se toque el himno nacional. Hace una semana, en la que sería mi última oportunidad esta temporada del 2016, me mantuve erguido como mi mano derecha sobre mi corazón mientras escuchaba el himno. Y si fuera suficientemente afortunado para participar otro día en otro partido, haría lo mismo que hice esta última vez. De pie. No porque EUA es TODO lo que quiero que sea sino porque muy probablemente no lo es. El racismo se propaga, las familias se fracturan, los no nacidos son descartados, las escuelas están en lucha, la libertad religiosa está crecientemente bajo ataque, la violencia contamina nuestras ciudades y suburbios y hay una división creciente entre la policía y la comunidad.
Me mantengo de pie, como quiera, porque crecí en el EUA de la marina de guerra y viajé fuera del país para respaldar a los miembros de nuestras fuerzas armadas quienes obedecen órdenes independientemente de sus sentimientos. Me mantengo de pie por aquellos que fueron obligados a dar sus vidas construyendo el país que los confinaba a las plantaciones de tabaco e índigo. Me mantengo de pie porque, como niño, vi a mi padre mantenerse de pie. Un hombre que vivió la transición tumultuosa del “iguales pero separados” a los tiempos alrededor de la Ley de los Derechos Civiles cuando gente enojada llevaban pancartas a las escuelas que decían “negros, váyanse”. Me mantengo de pie porque, por el contrario, nadie llevó uno de esos letreros cuando fui a la escuela primaria.
Antes del juego, cuando estoy de pie con protectores de hombros, mi casco en mi mano izquierda, la adrenalina fluyendo y mi corazón acelerado en mi lado derecho, nunca olvido los defectos de EUA pero por un momento evoco su potencial, recuerdo su prosperidad y le doy gracias a Dios por la tierra en que me ha colocado y por la gente que amo que vive allí.
Me mantengo de pie porque esta mezcla de bien y de mal es MI hogar. Y como es MI hogar, mantenerme de pie es un compromiso para continuar la lucha contra todas las injusticias y preservar los grandes atributos del país, incluyendo el derecho de Colin Kaepernick a arrodillarse.
Su actitud y acciones similares por personalidades del pasado y el presente son una parte vital de nuestra vida y un componente crítico de la ecuación para el cambio social y deben ser respetados como tales. Desde el inicio del país, tales desplantes contra el status quo son distintivamente americanos. My deseo, no obstante, es que esas acciones traigan más atención a el PROBLEMA más que a QUIEN protesta. Y que el diálogo que de allí surja descubra la verdad y que esa verdad de luz a la justicia en situaciones legítimas en que no la hay. Mi deseo es que en estos tiempos de esfuerzo y discordia, usemos colectivamente nuestras posiciones en la vida pública y privada para asumir responsabilidades en nuestro papel y busquemos colectivamente soluciones, no porque TENGAMOS sino porque NOS IMPORTA. Algunas veces escuchar es más valioso que hablar. Tan inalcanzable como pueda ser, nuestra meta, especialmente en el tema de raza, debe ser continuar creando un país en que eventualmente cada uno pueda, en buena consciencia, mantenerse de pie. No importa el contexto histórico o la circunstancia actual, es la unidad que yo, quizás ingenuamente, imagino cuando veo nuestra bandera y escucho nuestro himno.
Cuando los conflictos se manejan correctamente fortalecen. Cuando se manejan torpemente destruyen.” (Termina la cita)
Digo, para terminar, que las mejores lecciones de vida vienen de donde uno menos espera.
Comentarios