La verdad es tan odiosa.." por Osvaldo Montalvo

La verdad es tan odiosa.."

Entonces, ¿por qué tanto bulto con la Sentencia y el infame Plan Nacional de Regularización que le siguió al otro día? Porque a la postre, al final, la práctica real y efectiva es que los haitianos penetran al país absolutamente sin ningún documento, menos visa o permiso de trabajo. Ingresan a gusto y libremente. Se quedan todo el tiempo que quieren, trabajan y hacen vida social. Tienen hijos, que no naciendo dominicanos, como quiera se quedan.
Lo de las deportaciones es un teatrico pueblerino mal armado en el que nadie cree. Los pocos que son deportados regresan al otro día sin problemas. Entonces, ¿para qué, por qué tanto escándalo con la Sentencia? ¿De dónde la necesidad del Plan de Regularización? Porque la realidad efectiva de la Ley de Migración dominicana es que no existe frontera para los haitianos, y la de la Constitución, que los niños haitianos nacidos en el país se quedan en el territorio nacional. Es decir, la realidad efectiva es de una unión migratoria. (Irónicamente, los dominicanos no pueden –no se atreven- a hacer lo mismo en Haití, aquello es territorio apache.)
Entonces, ¿por qué tanto escándalo con la Sentencia, con el Plan de Regularización? Por un asunto de legitimidad. De identificación, de asimilación. Por más que se los impongan a la fuerza –no hay a quien le gusten los golpes-, los dominicanos nunca se identificarán –menos se asimilarán- con los haitianos. De hecho, los dominicanos nacen como una separación, una negación de la cultura haitiana . Por más que los pongan a dormir juntos, dominicanos y haitianos nunca se integrarán. Esta es la barrera insalvable del Plan de Fusión, lo que explica toda la irritación con la Sentencia.
La Invasión no va a hacer dominicanos a los haitianos, por más dinero que gasten las metrópolis imperiales (vía sus oficinas de cooperación y sus Oenegés) en festivales binacionales, en carteles de familias dominicanas haitianizadas y en recomendaciones de salud en dos idiomas. El dominicano no es ni se siente haitiano, de hecho lo ve como una cultura tan exótica como extraña. Lo que no quiere decir que los discrimine o maltrate, todo lo contrario.
De su lado, los haitianos tampoco son ni quieren ser dominicanos. Son y quieren ser haitianos. Aunque quieren ser haitianos en territorio dominicano para usufructuar el patrimonio nacional de los dominicanos. Y eventualmente expropiarlos. Pero no es que quieren ser dominicanos. El que quiera hacer la prueba que le pregunte a cualquier haitiano que ande caminando en la calle.
El conflicto futuro es bastante evidente: dos especies distintas peleándose a muerte por el mismo hábitat, por los mismos medios de vida. Un Estado fallido contra un Estado fallando.

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