La Batalla de "Las Carreras" (Fragmento) Por Cesar A. Herrera

 21 de abril de 2021

REPASANDO NUESTRA HISTORIA
(Conmemorando el 172 aniversario)
La Batalla de "Las Carreras"
(Fragmento)
Por Cesar A. Herrera
La dura tierra del sur banilejo no tiene otro escenario más propicio para una acción militar tan resaltante como "Las Carreras". Frente a ese campo agrio, se encuentra la serie de colinas donde el Presidente Soulouque plantó su tienda, teniendo entre ambos lugares las pedregosas playas del rio Ocoa, con su hilo de agua, tan necesaria para la subsistencia de tropas bajo la agitación de combates permanentes.
"Las Carreras" fue el lugar donde las tropas dominicanas, electrizadas por la presencia del General Santana, recobraron el impulso heroico que las llevó en un soberbio empuje, a quebrar los estandartes y oriflama victoriosos del verdugo haitiano. Sobre esa tierra estremecida por el galope épico de los escuadrones de la muerte, se percibe aun, en los momentos de sublimación del espíritu, el ronco bramar de la batalla salvadora, bajo el acicate de los clarines con que Santana enardecía sus huestes para el machete implacable de las hordas del enemigo de todos los tiempos.
Para estudiar con minuciosidad los sucesivos acontecimientos militares, es imperativo seguir el hilo cronológico. Pocas, por mala fortuna, son las fuentes verídicas sobre hechos de tan capital interés.
El 17 de abril, Duverge, combate en "El Número”. Aunque derrota al enemigo, se repliega a "Las Carreras', rebasando el rio Ocoa, donde amanece el 18, y entrega el mando al General Antonio Abad Alfau. El 19, según Parte No. 76 del General Santana, los haitianos se encuentran frente a "Las Carreras" husmeando a su presunta presa. Como es lógico suponer, ni en "El Numero, ni en ningún sitio de la retaguardia haitiana, había fuerzas dominicanas en aptitud de combatir.
La acción de armas cuyo primer centenario se celebra ahora no tuvo efecto como batalla general de una sola acción. Fue una serie de operaciones de carácter táctico y estratégico, que culminaron después de cuatro días sangrientos en la derrota total del enemigo.
Santana permaneció hasta la madrugada del día 20 en su Cuartel General de Sabana Buey. Allí recibió las noticias de que el 19 los haitianos habían sido batidos en su primera tentativa por forzar el paso. Moviendo su campamento amanece en “Las Carreras" pocos kilómetros mas al norte, esperando nuevas acometidas enemigas.
Por su parte oficial No. 77, al Ministro de la Guerra, Santana informa "sucintamente" de la principal acción de "Las Carreras” el 21 de abril de 1849. Lo expide en el fragor de la batalla.
En fecha 22. Parte oficial No. 78, Santana hace el primer extenso relato. Consigna que los haitianos iniciaron un cañoneo con una pieza de a 12, bajando después tres piezas más, que colocadas en batería, abrieron cerrado fuego sobre las cuatro divisiones apostadas en orden de batalla por Santana, en la margen oriental del río Ocoa.
Estas divisiones estaban bajo el mando directo, respectivamente, del Coronel Francisco Domínguez, del Teniente Coronel Blas Maldonado, del Teniente Coronel Marcos Evangelista y del Teniente Coronel Antonio Sosa. Los generales de brigada Antonio Abed Alfau y Bernardino Perez, estaban "encargados del ejército en movimiento". El General Merced Marcano actuaba como Comandante de Armas del cantón guerrero.
Protegidos por el fuego de su artillería, que no pudo ser devuelto por los dominicanos porque carecían de ella, los haitianos se lanzaron a la carga, al través del lecho pedregoso del Ocoa, concentrando el vigor de su ataque por los flancos del ejército dominicano, según da a entender el General Santana en su parte del día 23.
Bajo el cañoneo haitiano, los generales citados y los comandantes de las columnas, iniciaron el furioso contraataque, a las cinco y media de la tarde, el histórico y glorioso 21 de abril.
En el momento culminante, el General Santana lanzó a la batalla hasta su escolta personal, y la caballería que mandaba el Coronel Pascual Ferrer, en imponente carga de lanceros.
El arma blanca, sagrado instrumento de libertad dominicana, se entintó con la sangre de los enemigos en derrota. Las playas del río Ocoa, y las colinas ocupadas por los haitianos, quedaron cubiertas de cadáveres y de multitud de despojos del equipo de campaña del Ejército enemigo.
Leger, al describir con dolor esta batalla, dice: "El encuentro de Ocoa tuvo lugar. El fue nuestro WaterIoo. Las tropas enemigas no llegaban a un cuarto de las nuestras. Nuestras fuerzas habían ya echado las dominicanas del otro lado del rio, cuyo lecho estaba seco, y nuestros tiradores escalaban con el más bello empuje la orilla opuesta, cuando la señal de la retirada resonó lúgubremente en las filas haitianas. En la confusión que se produjo, los dominicanos hicieron una hecatombe de nuestras tropas en el lecho mismo del rio." (Histoire Diplomatique, etc.)
"Ocoa es uno de los misterios de nuestra historia", termina diciendo Leger. Pero este misterio de Ocoa, se reitera de manera pertinaz hasta que cesan los empeños de los usurpadores haitianos.
Los rasgos de valor de los combatientes dominicanos, no pueden ser descritos en detalle, porque conduciría a postergar centenares de héroes cuyos nombres estarán ignorados para siempre. En enorme desproporción numérica, los soldados dominicanos, sin embargo, capturaron los cánones haitianos con arrolladoras cargas de machete.
Un bizarro general haitiano, Louis Michel, pereció defendiendo con denuedo una pieza, perforado el pecho por un certero lanzazo de Cleto Villavicencio, del batallón de Higuey. En los días que corren, los humildes campesinos de esa zona, conocen ese monte como "Loma del Canon". A los cien años, se recogen por allí infinidad de objetos de hierro, como restos dispersos por el tiempo, de lo que fue una batalla encarnizada.
Los haitianos fueron vencidos en un choque frontal. Los ancianos del lugar, refieren que el Ejército haitiano se empeñaba en bajar en busca de agua. La enconada lucha se efectúa en el lecho del rio. Tras las fuerzas enemigas en derrota, escalan como leones los soldados dominicanos, en la semioscuridad del anochecer, las colinas erizadas de enemigos, sembrando la confusión y el espanto, anticipo de la derrota decisiva.
El grueso de1 Ejército haitiano, dirigido por el propio Presidente Soulouque, inicia su retirada, protegido por destacamentos de retaguardia reforzada, encargados de operaciones de contención.
En el parte que expide Santana el 23 de abril, informa haber enviado guerrillas volantes a hostilizarlos por los flancos. Así cambia su táctica del ataque en masa, por la forma típica del guerrilleo.
Por el ala derecha, el comandante Aniceto Martínez llegó impetuoso hasta las piezas de artillería que aun utilizaban los haitianos.. Por el ala izquierda, los capitanes Bruno Aquino y Bruno del Rosario, de las fuerzas banilejas, "prácticos del lugar, les hicieron tantos estragos sobre las alturas, que a nuestra vista n misma les veíamos cargar los muertos".
Al caer la tarde del día 22, y durante la noche, el resto del Ejército haitiano "aterrorizado" abandonó sus últimas posiciones en terrible desbandada.
Santana avanzó en la madrugada en persecución del enemigo, y a las seis de la mañana del día 23, plantó su tienda de guerrero victorioso en la histórica montana de "El Numero", donde Antonio Duverge, seis días antes, había sangrado en una acción memorable, a los escuadrones haitianos. Allí dejó Santana una guarnición bajo el mando del Teniente Coronel Marcos Evangelista, y destacó espías para seguir el rastro haitiano.
Sin pérdida de tiempo, según consigna el referido parte, regreso a Sabana Buey, restableciendo allí su Cuartel General.
El día 24 de abril rinde nuevo informe al Ministro de la Guerra. El enérgico ordenancista que había en Santana, se revela en las disposiciones contenidas en dicho documento. Encontrándose en la "Boca de la Palma" desembarcando dos piezas de artillería que le remitieron de Santo Domingo, percibió, como a las cinco de la tarde, por sobre la Bahía de Ocoa, las llamas del incendio de Azua. Era el furor de Soulouque, marcando la ruta de su fuga, con las cenizas de los pueblos y la sangre de sus víctimas.
Allí mismo determinó Santana que las tropas de la "Boca de Palma" se embarcarán inmediatamente para Azua, y que las fuerzas de los otros cantones mas al interior, avanzarán rápidamente por tierra, y que el General Antonio Duverge "pasara a Azua a encargarse del ejército hasta mi llegada que será en la tarde".
Cuando Santana llega a la incendiada ciudad de Azua, contempla un panorama desolador. Los habitantes de aquella martirizada villa habían huido. Muchos fueron asesinados cruelmente. Pero sin arredrarse ante el doloroso espectáculo, dicta las órdenes pertinentes para que los puestos avanzados de Las Matas de Farfán y Neiba fueran guarnecidos, para volver a servir de atalayas de la Patria, en la encarnizada lucha que recomenzaría de nuevo con el feroz caudillo, tan pronto restañara las heridas que recibió en esta campaña.
El lecho del río Ocoa y el campo de "Las Carreras", señalan el límite del máximo avance de las invasiones haitianas, en todo el curso de nuestras guerras de independencia.
Refiriéndose a su más alta gloria militar Santana dijo más tarde: "Llegado el momento supremo vio el enemigo desconcertados todos sus planes, y su grande y bien organizado ejército fue derrotado a mi presencia en la memorable jornada de Las Carreras. Allí volvió a respirar la agonizante República. Allí volvieron a ensancharse nuestros límites; allí se levantaron los ánimos y la alegría, y allí vi yo también que la Providencia oyó mis humildes súplicas, y me complacía en haber cumplido mi palabra".
"Con las reliquias del ejército de Azua" venció Santana al orgulloso y sanguinario usurpador haitiano. Su nombre; manchado a veces por las violencias del mando absoluto, debe, por encima de todas las pasiones que aún alientan en el estudio de la historia nacional, reverenciarse como el del primer caudillo de las guerras de la independencia, cuya estrella refulge victoriosa en el cielo de la gloria, sobre el pavoroso campo de batalla de "Las Carreras".
Allí, bajo sus órdenes, estaba Mella, el del Baluarte; Sánchez, el del infortunio y la abnegación: e infinidad de guerreros con apostura para la estatuaria épica.
Fragmento tomado de: https://www.academiadominicanahistoria.org.do / Clío Núm. 88 / Proyecto de Digitalización / La Batalla de las Carreras / Sus antecedentes históricos y consecuencias trascendentales / Págs. 130-132. (Primer premio en el Certamen Histórico organizado por la Academia Dominicana de la Historia, la Academia Dominicana de la Lengua y el Ateneo Dominicano, en celebración del Primer Centenario de la gloriosa batalla).
Fotos
• General Pedro Santana tomada de: https://www.scribd.com
• Presidente Faustin Soulouque https://es.wikipedia.org / Archivo: Faustin Soulouque.
Perfil del autor: Cesar A. Herrera.
Nació: Baní, 1910. Falleció: Santo Domingo, 3 de diciembre de 1988.
Historiador, periodista y profesor. Ocupó importantes cargos públicos, entre ellos: gobernador de la provincia de Azua, director general del Archivo General de la Nación, cónsul en Sevilla, director del periódico El Caribe, director de la Oficina de Desarrollo de la Comunidad, director de la Dirección General de Prensa del Poder Ejecutivo y director de la Biblioteca Nacional. (Fragmento tomado de: https://academiadominicanahistoria.org.do)
Nota: REPASANDO NUESTRA HISTORIA (2017)
Tiene como objetivo principal recordar hechos importantes del pasado dominicano, transcribiendo autores o fuentes documentales de primera mano, que describan de la manera más objetiva posible, acontecimientos directos o indirectos, pero vinculados con nuestro pasado como nación, antes, durante y después de la conformación de la República Dominicana a partir del 27 de febrero de 1844.
Con este modesto aporte, pretendemos contribuir a fortalecer la memoria histórica de las nuevas generaciones de dominicanos, porque consideramos ese legado como una parte esencial de nuestra identidad nacional. En consecuencia, este espacio no es una discusión entre eruditos, ni un laboratorio universitario para rectificaciones históricas. Debe ser un espacio que nos aproxime a la verdad y, repito, a la identidad como dominicano.

Comentarios