El Costo Económico de la Invasión Haitiana a la República Dominicana. Por: Osvaldo Montalvo Cossío.

 4. El Costo Económico de la Invasión Haitiana a la República Dominicana.

En este capítulo damos mayor formalidad a los conceptos e ideas planteados antes. Nuestra tesis central es que la invasión de los haitianos a la República Dominicana: (no se trata de un mero problema migratorio) es terriblemente perjudicial para este país, visto desde una perspectiva estrictamente económica. No únicamente porque disuelve y corrompe las costumbres tradicionales y la cultura: la religión, el catolicismo y cristianismo convencionales son progresivamente desplazados por un sincretismo mágico y animista embelesado por la violencia, la sangre y la muerte. Que no posee una moral positiva, que no propone una comunidad armónica y fraterna en ningún plano, en ningún momento. La temperancia, la prudencia, la decencia. El orden familiar, la racionalidad del matrimonio y la responsabilidad ante los hijos y la sociedad. El orden social, el arbitraje en los conflictos. La justicia y el Estado, la organización política y las elecciones democráticas. Todo está en juego y bajo amenaza de ser destruido.
Pudiera pensarse que se entrega esto a cambio de una ventaja económica, la nacionalidad a cambio de una mejor situación económica. Completamente falso, no únicamente una cosa se encuentra atada a la otra: la ideología y la organización social a la economía, sino que en términos estrictamente económicos, es decir, sin apelar a la ideología u otros estamentos de la sociedad, la invasión haitiana es terriblemente perjudicial para los dominicanos. En términos estrictamente económicos sólo conlleva pérdidas.
Entonces, ¿cómo es posible? ¿Cómo es que, si la invasión haitiana es perjudicial, los dominicanos la permiten, y algunos incluso la promueven? Lo primero, la invasión no es perjudicial para todos los dominicanos, por lo menos en el plazo corto. Quienes utilizan mano de obra ilegal –y por ello a un salario menor al del mercado nacional, a un salario no lejos del nivel de sobrevivencia- se benefician momentáneamente de este estado de cosas, en la medida en que pueden socializar el costo indirecto de esa mano de obra. Más adelante, cuando los niveles de carga fiscal sobrepasen el ahorro salarial, o cuando la marginalidad derrumbe el nivel de utilidad social, el panorama será otro completamente. Esto para los empresarios nacionales empleadores de mano de obra haitiana.
Para la franja de arriba, corporaciones o empresarios internacionales, o nacionales sin ningún vínculo emocional con el país, nada de esto importa. Lo importante es el nivel de salario bajo, mientras más bajo, mejor. Las consecuencias son irrelevantes, si se destruye el país, si la nacionalidad desaparece. Al cabo, siempre podrán mudarse a otro país, llevándose su dinero, por supuesto. El problema se lo dejarán a los demás, a los que no podrán irse.
Sin embargo, hay que reconocer que para que esto suceda –la invasión con escasa resistencia, por lo menos momentáneamente- debe haber algún truco, una idea, una expectativa. Hay la que hemos denominado ilusión de bienestar: pensar que lo que nominalmente nos sale más barato, más adelante y en conjunto nos resultará igualmente más económico. Cuando la realidad es lo contrario, una aplicación del viejo principio de que lo barato sale caro.
La mano de obra haitiana sería realmente barata si el salario directo que le pagan sus empleadores fuera su costo total, como sucedía hace décadas cuando volvían a su país al término de la zafra. Pero no es así, el costo indirecto de la mano de obra: subsidios directos que reciben, más el subsidio cruzado por la utilización del capital social, más el costo de remediación por la destrucción de los bienes públicos libres, más la desutilidad social inducida por el vuelco de la precariedad y marginalidad a los espacios públicos, más el costo por la destrucción de la ideología y la cultura tradicionales. Ese costo indirecto no lo paga el empleador sino que se socializa –lo paga la sociedad en bloque- a través del sistema de impuestos y subsidios, y la parte que no se paga en dinero se paga en desagrado. Por eso lo que aparenta ser barato y beneficioso a la postre resulta inmensamente caro y destructivo.
A pesar de ello se insiste en el error. Se insiste en el error por dos razones. La primera, la información económica llega a los agentes en primera instancia por medio de las variables nominales: el dinero que gana cada quien, el precio en pesos de cada mercancía. Esto dentro de un radio espacio temporal más bien estrecho: no sabemos el precio de una libra de tomate en Hato Mayor, y los de allá seguramente no saben el precio aquí. Una circunstancia natural, en un aspecto conveniente, pero sobre todo inevitable e insuperable. No hay otra manera de que sucedan las cosas, por lo menos en la organización económica en que estamos, y que resulta la más conveniente.
Lo que nos lleva a la segunda explicación: la ausencia de una visión de conjunto, social, inter temporal. Una visión de Estado. En otras palabras, la ausencia de una burguesía nacional y orgánica. Sólo una mirada de este tipo, abarcadora, completa, puede advertir las consecuencias de las causas. Los costos sociales de los beneficios privados. Darse cuenta de que lo aparentemente barato, a la postre, resulta lo más costoso de todo. Y tomar las decisiones correspondientes en función de bienestar en el tiempo de la colectividad. Lo que tenemos, sin embargo, son pseudo empresarios con dinero y políticos sin escrúpulos, que juntos no hacen ni de lejos la sombra de una burguesía orgánica. Y un pueblo desinformado, confundido, adocenado, pervertido. Sin capacidad de organización y participación. La invasión no sería posible de otra manera.
Decíamos que para hablar de las consecuencias desastrosas de la invasión haitiana a la República Dominicana no hay que apelar a variables ideológicas y socio culturales. Que se pueden establecer en el terreno estrictamente económico, que en términos estrictamente económicos y financieros se puede demostrar el costo monstruoso –y eventualmente insoportable- de dicha invasión. Es lo que hacemos a continuación.

Comentarios