De la "Tierra Arrasada" a George Floyd, en la Hispaniola.Por Robert Cabral

De la "Tierra Arrasada" a George Floyd, en la Hispaniola.

Por Robert Cabral

La "Tierra Arrasada" empezó temprano en La Hispaniola. Incluso antes de la existencia de Haití como República independiente.

Pero si, ya existían dos Colonias, francesa y española, bien diferenciadas, desde finales del siglo XVII, y que el Tratado de Aranjuez, terminó de delimitar con mayor certeza juridica y territorial.

Paradojicamente, y por razones de procesos económicos y geopoliticos muy documentados, la parte francesa, se convirtió en la más rica y prospera, de todas las posesiones francesas en América.

Mientras la Colonia Española, aceleraba su empobrecimiento, llegando a niveles paupérrimos.

Esa diferencia de bienestar, también se reflejaba en la composición étnica de la población de ambas colonias.

En Saint Domingue, hoy Haití, para el siglo XVII, importaba en base anual, más de 30 mil esclavos, llegando a totalizar 450 mil en 1789, mientras en Santo Domingo, habían sólo 125 mil esclavos.

En Haití la mano de obra esclava era usada intensivamente, y para mantener su ritmo de producción, la explotación esclava era tan fuerte y extrema que, al arribar un esclavo tenía una esperanza de vida de 7 años.

Esa explotación extrema obligaba a una cada vez mayor y continua importación de esclavos, por lo que el flujo de barcos negreros hacia Haití era continuo durante todo el año.

Por esa razón la población haitiana quedó claramente establecida, y para 1787, habían 24 mil blancos, 20 mil mulatos, y 408 mil negros esclavos.

Pará la misma fecha, en Santo Domingo, habían apenas, unos 30 mil esclavos, y una población total de un cuarto de la de Haití.

Esta composición social y económica en ambas colonias traería también el germen y el sello histórico, de las profundas y abismales diferencias entre ambos pueblos. Y también las deferencias en el fenómeno de la violencia, y del espíritu de convivencia interno de cada pueblo.

La "Tierra Arrasada", como cultura de violencia sanguinaria y primitiva, arraigada en el ethos haitiano, arrancó temprano, y se gesta con la misma crudeza de la explotación esclava de los franceses a los africanos.

Vicente Oge en 1788, mulato de Saint Domingue, Haití, es el catalizador de la lucha de los esclavos contra ese régimen inhumano y terrible impuesto por los franceses.

Oge luego de un proceso de accion en Francia, se convierte en un agitador en la colonia francesa, y produce un levantamiento, que culmina en fracaso y una muerte tan brutal como atroz.

Oge fue torturado y descuartizado en plena plaza pública. La purga que siguió produjo al menos 200 ejecuciones.

El proceso de aniquilamiento de Oge y sus compañeros, es el punto de partida de los levantamientos de "tierra arrasada", que siguen en 1791, bajo el ritual vudú de Bois Caimán, presidido por Boukman, y donde se erigen, la sacerdotisa Cecile y su esposo Pierrot, luego presidente de Haití.

Lo que siguió a partir de ese bautizo vudú, duró 13 años, y asoló todo vestigio de riqueza de la que era entonces la Colonia más prospera del mundo.

Ese levantamiento negro, que se prolongó desde 1791 hasta 1804, cuando  Toussaint de Breda toma el control, más sanguinario aún, se convierte en una barbarie que en pocas semanas destruyó todos los adelantos y el progreso de un siglo de industria y civilización.

Esa cultura ya cultivada en ese pueblo, explica los desmanes perpetrados por Toussaint en Santo Domingo, como "nunca se habían visto en estas tierras" como dijeron algunos cronistas franceses de la época.

Pero, varios siglos después, también nos remite a entender la ferocidad y el odio, el injustificado e inútil rencor que están desatando haitianos admitidos en República Dominicana, contra nuestra existencia y contra los valores de nuestra identidad y nuestra cultura, al punto de hacer convocatorias públicas, cada día más agresivas, llamando a imponer de nuevo, la "Tierra Arrasada" en la vida ciudadana de nuestro país, y sin que ninguna autoridad se atreva siquiera a expresar su estupor, sea por miedo o por vergüenza.

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