Andamos con el moño de la vergüenza. Por: Robert Cabral
Mientras a miles de extranjeros se les facilita, y se les dona toda la documentación de identidad dominicana, y mientras miles de ciudadanos haitianos viven, y se desenvuelven con identidades suplantadas, está humilde familia dominicana, son invisibles, y no tienen identidad.
El Estado dominicano gasta miles de millones para regularizar haitianos, y otros miles más cada día en parturientas y gastos hospitalarios.
La Junta Central Electoral, cuyas actividades parecen más un festival del lujo y del oropel, no puede justificar esta indolencia.
Ya ocurrió lo mismo con la joven Leidy Areche, de la Romana, la cual vivió un verdadero drama humano, convertida en una "paria civil", y duró años clamando por su derecho a la identidad, sin que nadie le hiciera caso, hasta que se hizo la denuncia y los ciudadanos patriotas y nacionalistas, asumimos la difusión de su caso, y se convirtió en un escándalo nacional.
Entonces, la Junta apareció como el Chapulín y le entregaron sus documentos.
Esta es la hora que estamos esperando respuesta de la Junta con una explicación valida sobre el caso Areche.
Ahora vemos este drama que afecta a Yani Alcántara, y a sus hijos Carlos Manuel, Luz María, Jesús, Elizabeth, menores, María Esther, y Juan, adolescentes.
Se trata de una familia dominicana, pobre, marginal y excluida, a quienes todavía no les ha llegado el "derrame" de los beneficios de la democracia.
Para UNICEF, que firmó un acuerdo con esa JCE, para "apoyar" la solución al "subregistro civil", ese caso no existe, los casos que a ellos les interesan resolver agitadamente, son los casos de los niños haitianos.
Y para eso tienen a CONANI de satélite y a un grupo de mujeres de ONG's, dirigiendo, a "troche y moche" registros en nuestros hospitales.
Que nos van a decir?
Las evidencias no pueden ser más dramáticas.
Mientras tanto nos gastamos sumas alucinantes en improductivas campañas políticas, y para el hartazgo de la barrigas de los partidos políticos.
Y nos dicen para justificarse que "la democracia es cara y hay que pagarla".
Mientras ellos, viven satisfechos, y complacidos, los ciudadanos nos convertimos en los "esqueletos" de esa democracia.
Siento vergüenza y rabia.
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