Libertad y Equidad por Leonardo Castro Puig.

Antes que todo aclaro: no soy libertario y tampoco creo en la igualdad, sino más bien en la equidad.
Esto aclarado, prosigo:
John Stuart Mill, uno de los máximos exponentes y proponentes del libertarismo, dijo: "no es sano para ninguna nación preocuparse más por la igualdad que por la libertad".
Esto porque la igualdad esencialmente implica un ejercicio de castigo a quienes producen riquezas en favor de quienes no la producen. Se piensa que la redistribución de la riqueza tiene un componente de injusticia muchísimo más grande que la de la acumulación de esta en manos de pocos.
Esto es cierto por dos razones a mí entender:
Primero. Para que la igualdad funcione deberíamos empezar de CERO. Esto porque muchos que ya ostentan posiciones privilegiadas. Imponer la igualdad en una sociedad ya consumada es en sí un acto de injusticia para quienes acumularon riquezas en base a sus esfuerzos, con todos los riesgos que esto conlleva.
Segundo. No todos los seres humanos tienen las mismas capacidades (cualesquiera que estas sean), por ende, y de entrada, los muchos se apoyarían en los pocos. Esto porque no tendrían el “empuje” de la necesidad, de la superación, sabiendo que otros pueden sostenerles sin ellos hacer esfuerzo alguno.
Por otro lado, el libertarismo, y lo que éste propone, se resume a la intervención mínima del estado en las cosas del pueblo (esto incluye desde negocios hasta educación, salud, etc.). De hecho, los libertarios proponen que la ley sólo debe fundamentarse en la protección de los derechos negativos o individuales.
Básicamente lo que esto quiere decir es que cualquiera puede hacer lo que quiera siempre no haya algo que le impida realizarlo.
Pero... ¿qué es ese algo? ¿Quién define si ese algo es un elemento suficiente para persuadir al individuo a no hacer lo que quiera hacer? ¿Debería un libertario aceptar una negativa a su accionar, si no existen parámetros que se lo impidan? Esto último considerando que cualquier imposición es contraria a la filosofía libertaria.
El libertarismo, como cualquier conjunto de filosofías políticas, tiene sus bemoles, más si consideramos la naturaleza poco fiable del hombre.
Es interesante, lo admito, apostar y procurar una menor intervención del estado en el comercio y el desarrollo económico de un país, y más cuando en países como el nuestro el Estado en inmenso, insostenible y voraz. Pero dejar a la “conciencia”, al buen deseo, a la confraternidad y la filantropía del ser humano el desarrollo de un país, sabiendo que la naturaleza humana es cuanto menos traicionera y rapaz, es una iniquidad y denota una inocencia abrumadora de parte de los que proponen el libertarismo como la “última” solución.
De más está decir que a los gobiernos populistas no les gusta mucho el pensamiento de este filósofo Británico. Reducir el estado es algo que está fuera de toda discusión en repúblicas bananeras.

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