Género o más corrupción. por: Roberto Espinal
Al respecto de un artículo donde usando lógica elemental sostengo que es una crueldad de un sadismo incalculable hacerle creer a un niño que esa persona a quien llama mamá desde que aprendió a hablar, es una mujer, -cuando en realidad es un hombre disfrazado de mujer-, un amigo guiado por las mas nobles intenciones, haciendo el atinadísiimo comentario que consigno en la captura de pantalla adjunta pie de página, sugiere una posible solución a tan tremendo drama. Le contesto de la manera siguiente:
Eso que proponés sería una cosa mucho menos horrible que engañar descaradamente a un niño indefenso. Si bien el problema planteado tiene múltiples consideraciones, cada consideración tiene una única solución óptima. Si se me permite incurrir en un símil donde sacrifico la exquisita estética en haras de la graficación pedagógica (al fin de cuentas yo soy el dios supremo de este foro), digo que un niño hasta los cuatro o cinco años es un muñequito de plastilina moldeado por la conducta de sus padres.
Hay dos formas de enseñar a pensar de igual modo que hay dos formas de enseñar a hacer cualquier cosa: mostrando las cosas en acción, o explicando en teoría el mecanismo por el cual funcionan. Podés enseñarle a un niño a manejar un automóvil empezando por explicarle cómo funciona un motor a explosión, o podés llevarlo a manejar los domingos; podés enseñarle un idioma a un niño enseñándole gramática, sintaxis y ortografía, o podés hablarle todo el día que es el método que usan las madres; podés enseñarle a pensar enseñándole lógica ("si p entonces q"), qué es un silogismo, qué es una operación válida, qué son las premisas, qué las conclusiones, o podés decirle cosas razonables cada vez que hablás y cada vez que te pregunta algo. No necesito decirte cuál es el método mas efectivo.
A un niño que un hombre engaña permanentemente disfrazándose de mujer, y que, llegado el caso de que el engañado note algo extraño (como por ejemplo verlo por casualidad desnudo sin el disfraz), luego de pasado ese primer sacudón inimaginable e indegirible tal vez, como si el veneno inoculado diariamente durante años hubiera sido poco, también se lo seguirá engañando, porque no se le pedirá perdón de rodillas al ser descubierto in situ el vil engaño, sino que encima se le dirá -tal cual se dice ahora cada cinco minutos- que a pesar de tener pene su mamá, aun así es una mujer, es una mujer porque así lo siente, con olímpica indiferencia a toda prueba objetiva y a toda operación lógica, es mujer por capricho, de igual modo que podría ser un elefante, un oso hormiguero, un minotauro o un autobús, siendo que las cosas son lo que uno desea y no lo que son.
Si yo le muestro a un niño que uno mas uno es tres porque así lo siento, si le muestro que el diccionario no lo hace la razón sino que lo hace el mero capricho de acuerdo a su antojo, que las palabras pueden significar una cosa pero si yo lo deseo porque así lo siento pueden perfectamente significar lo contrario, lo que estoy haciendo con ese niño, es arruinándole para siempre toda su capacidad futura de pensar con sensatez, le estoy matando sus ansias de conocer el mundo y lo estoy transformando en un pobre idiota.
Roberto Espinal
Roberto Espinal

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