EL RACISMO Y EL DESPRECIO POR EL PUEBLO DE PARTE DE LA ÉLITE DOMINICANA DEL SIGLO XIX Y MEDIDADOS DEL SIGLO XX. Autor: Roberto R. Rodríguez.

EL RACISMO Y EL DESPRECIO POR EL PUEBLO DE PARTE DE LA ÉLITE DOMINICANA DEL SIGLO XIX Y MEDIDADOS DEL SIGLO XX.

Autor: Roberto R. Rodríguez.

Durante el siglo XIX se pusieron de moda, principalmente en Europa, las teorías pseudocientíficas de supremacía de la raza blanca europea planteadas por Samuel Morton y el Darwinismo social de Herbert Spencer.

Samuel Morton fue un médico norteramericano que en siglo XIX se dedicó a coleccionar cráneos humanos de cerca de 900 personas de diferentes países. Luego de realizar un supuesto estudio sin base científica, concluyó que la raza blanca europea era superior a todas las demás porque los pertenecientes esta raza tenían, en promedio, un cerebro de mayor tamaño que los nativos americanos, los asiáticos y los negros.

Por esta razón a Morton se le llama el padre del racismo científico. (Aunque la ciencia y el racismo son opuestos porque desde hace décadas se ha demostrado que las razas no existen). 

Estas ideas rápidamente fueron diseminadas por la propaganda de los sectores racistas europeos que en base a ella justificaban el colonialismo, el expansionismo y muchas atrocidades como el genocidio de casi diez millones de esclavos cometido por los belgas en el Congo y los procesos de "limpieza étnica" ejecutados por los nazis, por sólo mencionar dos ejemplos.

La influencia europea en América hizo que estas ideas llegaran al continente y que fueran defendidas por destacados intelectuales.
La República Dominicana no fue la excepción.

El sentimiento prohispánico y antiafricano de la elite dominicana trajo como consecuencia que individuos como Américo Lugo, José Ramon López, Francisco Henríquez y Carvajal, Francisco Moscoso Puello, Federico García Godoy, y otros, defendieran teorías racistas, a pesar de que la mayoría de ellos eran mestizos y/o mulatos.

La idea central de esos intelectuales era que el pueblo dominicano, por su condición de pueblo mezclado y con alta influencia de sangre africana, era una raza inferior con tendencia a los vicios más variados como la pereza, el juego, el engaño, el asesinato, la traición, etc. y que por estas razones tenía pocas probabilidades de desarrollo.

Américo Lugo, en su tesis doctoral titulada El Estado Dominicano ante el Derecho Público, al referirse a la composición racial del pueblo dominicano, planteó lo siguiente: 
"Los primitivos habitantes de la española, a pesar de sus caciques, nitainos y buitios, no parece que hayan tenido más actitud política que los demás indios. Los descubridores, pueblo mezclado, menos arios que semitas, aunque incomparablemente superior a la raza conquistada, no eran los mas perfectos representantes del espíritu publico de Europa. (…) los negros contribuyeron a la relajación de las costumbres publicas (…) al crearse el Estado dominicano, de estos elementos antropológicos habíase formado una variedad predominante: el mulato. Esta variedad constituye hoy el elemento criollo por excelencia.

Un pensador dominicano (Lugo se refiere a José Ramón López) …  describe en un folleto admirable la vida de nuestros campesinos. Raza de ayunadores, que vegetan sin higiene, presa de las enfermedades más repugnantes, que a causa de su imprevisión, su violencia y su doblez, son, por lo general incestuosos, jugadores, alcohólicos, ladrones y homicidas". (Lugo, Américo, El Estado Dominicano ante el Derecho Público, pp. 21-22).

En la conclusión de su tesis Lugo dice: "Por la posesión de un territorio demasiado fértil bajo un clima tórrido, la deficiencia de la alimentación, la mezcla excesiva de sangre africana…el pueblo dominicano tiene poca actitud política".

Otro intelectual dominicano que tenía la misma línea de pensamiento era Francisco Henríquez y Carvajal, padre del gran Pedro Henríquez Ureña.

La retórica racista de Henríquez y Carvajal que presenta al dominicano como un ser inferior se refleja en el siguiente párrafo:
"Esa masa caótica de crímenes y de sangre que se llama sociedad dominicana, como la definió un día el senador norteamericano, no se depurara definitivamente sino por el buen sentido junto con el continuo esfuerzo vigoroso de los buenos dominicanos que por desgracia no son muy numerosas. No lo son efectivamente, porque la mayor parte de los dominicanos son seres enfermos, inficionados de vicios morales o de ilusiones que falsean completamente su esfuerzo intelectual…el habitante de las ciudades, casi tan frugal como el de los campos, es imprevisor, perezoso, sensual, orgulloso y violento".  (Henríquez y Carvajal, Francisco, periódico El Liberal, 24 de octubre de 1900).

Federico García Godoy, en su libro El Derrumbe, se expresa de esta forma: "En el hibridismo de nuestro origen étnico residen los gérmenes nocivos que, fructificando con el tiempo, han determinado un estado social en gran parte refractario a un desarrollo de civilización efectiva y prolífica. De sangre indígena, de sangre quisqueyana, tenemos bien poca cosa si es que poseemos algo. Nuestra concreción étnica actual está integrada por sangre del blanco europeo de procedencia generalmente baja y maleante y del etíope salvaje y pleno de las supersticiones febricitantes y fetichistas de sus selvas africanas. De esas dos ascendencias tan distintas y desafines surgió un tipo colonial de aspectos precisos y definidos, pero poco capaz de evolucionar de manera gradual y metódica hacia formas de vida social cada vez más progresivas y perfectibles". (Godoy García, El Derrumbe, pp. 31-32, versión digital).

Otro pensador dominicano defensor de estas teorías racistas fue Francisco Moscoso Puello.
En su libro Cartas a Evelina, Moscoso Puello se expresa de la siguiente manera sobre los dominicanos:
"El hombre tropical, sea por efecto del calor sofocante, o por las enfermedades, que no son pocas, es una variedad humana especial, turbulento y haragán, casi no sirve para nada. En ocasiones es un verdadero estorbo. Y es además, un cofre de vicios. Bailar, jugar y emborracharse y robar son sus cualidades características. Es un hombre primitivo todavía. Vive distanciado de toda idea elevada. Entregado a pasiones muy bajas. Dotado de una incomprensión rudimentaria, parece tener una idea muy insignificante del valor de la vida. Nada le entusiasma, ni nada le estimula.

Sólo vive para el amor y para la ratería. Tiene muchas características del mono, su compatriota más distinguido. Su falta de patriotismo es notoria. Por lo menos, de ese patriotismo que no consiste en la defensa instintiva del solar nativo, que éste no le falta ni a las tribus más salvajes del globo. Me refiero al patriotismo que consiste en crearle una personalidad a la patria por todos los medios que puede poner en acción la capacidad bien orientada. De este patriotismo no tiene nada. Y del otro, sólo es evidente cuando se trata de arrojar del territorio a los haitianos, nuestros simpáticos vecinos, que han tenido, por lo menos, el honor de producir a Toussaint Louverture, negro casi genial". (Moscoso Puello, Francisco, Cartas a Evelina. Pág. 49, versión digital).

En su obra La Paz en la República Dominicana, publicada en 1915, el autor José Ramon López señala que una de las principales causas del atraso de la sociedad dominicana es la mezcla racial que la hace inferior a sociedades en las cuales esa realidad es mínima o inexistente.
Al referirse al origen racial dominicano el autor dice: "La población que encontraron en la isla los Descubridores era mentalmente de una inferioridad desesperante…
Las calaveras que han sido encontradas en algunas cavernas comprueban que el indio quisqueyano era del tipo dolicocéfalo; pero con tan poca cavidad craneal que no era mucho mayor que la de un perro grande. De esa raza nada, o muy poco, había que esperar para el progreso.
El español que vino a Santo Domingo no era del tipo que nos pintaron Calderón y Lope de Vega, hidalgo rancio, florecimiento de virtudes manchadas tan sólo por el predominio de las ideas de violencia, de la razón de la espada y del orgullo satánico.
Principalmente era, salvo las honrosísimas excepciones que registra la Historia, el soldado ignorante y el vicioso holgazán licenciado de presidio… La riqueza se obtenía peleando y conquistando, que eso del trabajo era para el siervo, así como el comercio era para el judío que acababa de ser expulsado de la Península.
El negro traído de la costa occidental de África en la sentina de los buques que hacían la trata, era miembro de tribus salvajes, absolutamente ignorante, incapaz de comprender una organización social elevada y de sostenerla así que era incorporado a ella". (López, José Ramón, La Paz en la República Dominicana, pp. 11-12, versión digital). 

Es difícil que en la actualidad algún escritor del renombre que tenían los antes mencionados se atreva a expresar en público ese tipo de teorías, aunque las crea porque esos tipos de planteamientos racistas son aberraciones anticientificas. No obstante, por el sistema de colonialidad a que ha sido sometido el pueblo dominicano, aún permanece en el subconsciente colectivo la idea de la superioridad racial del blanco. Esto se manifiesta de diversas formas que se ven día a día en diferentes aspectos de nuestra sociedad impulsados por mecanismos de dominación como la religión y la publicidad.

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